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Carlos Mercenario Carbajal
Medallista de plata
Caminata
Barcelona 1992

Carlos Mercenario escucha con atención a Raúl González.

Atestiguan la charla, en un hotel catalán Miguel Ángel Rodríguez y Germán Sánchez. Al día siguiente se escenificará la prueba olímpica de marcha sobre 50 kilómetros. Los tres andarines representan las últimas cartas de triunfo de la delegación mexicana en las justas olímpicas en Barcelona, España; son ellos la esperanza para no regresar con las manos vacías...

Es una charla entre deportistas...

Entre amigos. .

Entre "cincuenteros" de la caminata.

Hablan el mismo idioma.

No es la primera vez que conversan, González había marcado, en varios momentos la vida deportiva del andarín de 25 años.

Mercenario confía en él.

González Rodríguez doble medallista olímpico, titular de la Comisión Nacional del Deporte, le subraya:

"Para ganar una medalla en Juegos Olímpicos no basta ser el favorito ni haber tenido una excelente preparación, hay que salir a competir con deseo; las medallas hay que buscarlas porque nunca vienen solas"
Carlos lo comprendía hoy señala

Ante mí no era el directivo ni el funcionario quien me hablaba; era Raúl, el exmarchista que me instaba a pelear, a luchar por una presea".

También recibiríamos consejos de Jerzy Hausleber, de Daniel Bautista, de Raúl Salinas de Gortari; apenas unas horas antes de la prueba de los 50 kilómetros.

Agrega el deportista:

"Fue como una inyección de energía: salimos de ahí con hambre de triunfo"

Horas después la acción en el circuito de la Zona Franca, en aquel caluroso 7 de agosto de 1992, en Barcelona, sede de los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna.

Ya a la línea de salida.

DE COMO GANO LA PLATA...

Citó Armando Satow, en su crónica para unomásuno.

Barcelona, 7 de agosto, Carlos Mercenario ya tiene un lugar en el Olimpo mexicano.

El quiso ser...

Lo anheló durante cuatro años...

Fue perseverante, empeñoso, tesonero, disciplinado. . .

También, idealista, soñador acaso. .

Y hoy ha tenido aquí el justo premio: una medalla olímpica de plata, que para el país vale oro por mil motivos, pero de los que habrá que destacar dos factores: ha sido la primera y única medalla que se ha conseguido a la fecha en estos Juegos; también porque ha venido a resarcir a la caminata mexicana, en la extenuante prueba de los 50 kilómetros.

Sí, ya Carlos Mercenario no será un desheredado del Olimpo. Y rara coincidencia que hoy se ha cumplido: cada ocho años la marcha da una presea olímpica.

Son las primeras horas del día. El sol empieza a entibiar el ambiente. Ahí en el paseo de la Zona Franca, donde en unos minutos se dará el silbatazo para iniciar los 50 kilómetros de caminata.

Son las 7:15 horas y ya los andarines están casi listos ... han dado los últimos toques a su preparación ... Unos caminan con rapidez para calentar los músculos y la cintura... Otros, como Carlos Mercenario, miran con rostro endurecido, el horizonte. Esa larga recta de la avenida, con palmeras chaparronas en el camellón.

¿Habría alguien que dudara de este mexicano; de mirada impactante, seria, de no pelear una medalla olímpica?...


La determinación de Carlos se evidenciaba a distancia.

Estaba listo, concentrado.

Aquella participación suya en Seúl 88, donde había logrado el séptimo lugar en 20 kilómetros, lo había hecho madurar. Para los expertos del atletismo mundial él era uno de los favoritos porque había sido campeón de la Copa Mundial en 1991 en 50 kilómetros y, pese a que no había competido en esta prueba en los campeonatos mundiales de atletismo en Tokio, se sabía que había ganado el título panamericano y también obtenido la victoria en la Semana Internacional de Caminata.

Mercenario da unas últimas indicaciones a los noveles Miguel Ángel Rodríguez y Germán Sánchez, que lo acompañarán en esta aventura olímpica.

¿Hasta dónde llegarán?

Todo está listo...

Suena el disparo de los jueces. . .

Son las 7:33 horas...

A caminar...

Carlos toma la iniciativa. Guía el grupo. Lo controla. Sabe de la peligrosidad de Andre Perlov, Alexander Potashev y Valery Spitsyn, del equipo Unificado de la Comunidad de Estados Independientes (ex URSS). También de los alemanes Ronald Weigel -doble medallista de plata en Seúl 88- y Hartwig Gauder -campeón olímpico en Moscú 80- Pero, potencialmente, los 42 rivales son de cuidado. La única instrucción ha sido no dar concesiones.

Más Carlos no está solo: Germán y Miguel Ángel lo respaldan. Ellos son el soporte del equipo; en ellos no hay egoísmos ni rencores, hay conciencia de que sólo el trabajo de conjunto los sacará adelante.

Apenas son los primeros kilómetros y ya Potashev ataca. Y la labor de sacrificio de Germán se hace patente. Lucha, se le pega a Perlov y jala al grupo que marcha compacto, sólo esperando el menor descuido para desmembrarse.

Pero el espigado Potashev ha impuesto mayor tranco en su avance y cumple los primeros 10 kilómetros en 47'13". Parece un suicidio. El clima será factor importante. Ya la temperatura ha ascendido. Los termómetros marcan 25 grados centígrados a la sombra, pero el sol ya comienza a quemar a quienes osan desafiarlo... pero los jueces encuentran una mejor solución para aminorar el paso, siempre dentro de los límites del reglamento de la caminata: las tarjetas de amonestación; tres marcarán su descalificación.

Potashev ha sido campeón en el mundial de Tokio 91, pero su técnica no es del todo convincente En la copa mundial en San José, California, había sido descalificado y ya los jueces han iniciado su, labor de advertencia, pues es evidente que el bielorruso, de fuerte constitución física, ha empezado a botar, hasta que los jueces son rígidos con' él y lo despiden de la prueba.

Sin Potashev, el Equipo Unificado queda minado. Pero los siempre cuestionables jueces, que castigan a unos y permiten el paso irregular a los más; también se exceden con Germán Sánchez, quien al kilómetro 30 tiene que dejar la competencia y se va:: a sentar a la banca, ahí cerca de la Prensa. Ahí diría: "Fue una injusticia porque estaba caminando bien".

Sin embargo, en esta prueba hay intrépidos que no miden las consecuencias, como el finlandés Valentín Kononen, quien se lanza al frente y ya solitario, en punta, desgastándose. Esta es una prueba de inteligentes, no sólo para valientes.

Atrás, a unos metros, están Perlov, Mercenario, y el polaco Robert Korzeniowski, quienes ya se han desprendido del grupo, en tanto Miguel Ángel sostiene una enconada lucha con -el alemán Weigel.

La barredora de los jueces ha dejado su marca el canadiense Guilleume Leblanc -plata en 20 kilómetros-, el español José Pinto -así estarían caminando-, Potashev y el belga Godfrico Dejonc Keere, están fuera.

El resto cedería después.

El grupo puntero pasa los 20 kilómetros en una hora, 33 minutos y 15 segundos. . . mejor que el tiempo realizado por Ernesto Canto, días antes, en esa distancia. Los 20 kilómetros los cumplirían en 2h 17'48".

En esos momentos la pugna es entre tres: Perlov, Mercenario y Korzeniowski, aunque éste y el ruso ya tienen dos amonestaciones en la cartera de los jueces.

El esfuerzo de Mercenario ha sido evidente. Por ahí, en el circuito, está Ernesto Canto, quien con gritos lo alienta a no ceder ante los dos europeos, lo mismo que Germán quien le advierte de los jueces: "¡Cuídate de esos hijos!. . ."

Al cruzar el kilómetro 35, Perlov nota el cansancio de Carlos y, en la zona de abastecimiento, mientras el mexicano se refresca, ataca, se va solitario hasta sacar una ventaja de un minuto, mientras el mexicano entra en "crisis", que todos los andarines tienen en este momento del trayecto, pero que al final se recuperan. Pero Carlos no cede, tiene que cuidar al polaco que se dispone a andar los últimos diez kilómetros en el "filo de la navaja", ya con dos amonestaciones; una más y se irá. . .

Cuando han cumplido 48 kilómetros, Perlov deja el circuito y es el primero en dirigirse por la calle Foc (fuego en catalán), muy apropiado por el recorrido, de una pendiente de mil 400 metros con altura de 81 metros, como si en la imaginación razara un trapecio, tan exigente para el deportista como para los osados que acudieron a observarlos.

Perlov es el primero en entrar al estadio y la altitud de casi 45 mil espectadores reunidos en estadio de Montjuic lo acompaña, con aplausos, para recorrer los últimos 450 metros.

El ruso lo hace. Recibe una gran ovación hasta detener el cronómetro en 3h 50'15", seguido por el mexicano con 3h 52'9", una vez que los jueces han detenido tras la descalificación, casi a las puertas del estadio, al espigado polaco Korzeniowski, quien marchaba en la segunda posición. La presea de bronce es para el alemán Ronald Weigel, con .3h.53'45". Miguel Ángel Rodríguez se ha ubicado en un meritorio octavo lugar con una marca de 3h 58'26".

DE CARLOS SALINAS DE GORTARI A CARLOS...

Aún con algunos gramos de esperanza, miles de mexicanos se apostaron frente al televisor para ver la prueba de 50 kilómetros de caminata.

En Barcelona, el sol apenas empezaba a entibiar la mañana de ese 7 de agosto; en México, apenas era de madrugada.

Había dudas "¿Valdrá la pena la desvelada?... Que no suceda hoy lo que en la prueba de 20 kilómetros", era el sentimiento general.

Aquella madrugada tuvo una buena recompensa: la medalla de plata para México, la primera y a la postre la única.

El presidente de la república Carlos Salinas de Gortari seguramente alcanzó a ver algunos tramos de la prueba; seguramente él también se emocionó no sólo por la obtención de la presea, sino por la gallardía, coraje y determinación con que Mercenario buscó la victoria.

Mercenario recibió en Barcelona una llamada telefónica.

Era de México.

Era del Presidente, quien se encontraba en Tenosique, Tabasco, en gira de trabajo.

Alrededor de las 7 de la mañana.

He aquí el diálogo. De Carlos a otro Carlos...

El presidente Salinas de Gortari: -Carlos, ¿cómo estás? Muchas felicidades.

Mercenario: -Gracias señor. Muy contento por el resultado que ha habido para todos los mexicanos
.

El Presidente: -Quiero decirle que estamos muy orgullosos de usted, del gran esfuerzo, de la preparación que alcanzó, pero sobre todo de las ganas que le puso. Lo felicito mucho.

Mercenario: -Gracias, señor Presidente. Yo me atrevería a mencionar que estamos muy agradecidos todos los deportistas mexicanos por el apoyo que hemos recibido de nuestro gobierno; pero de verdad, lo digo de todo corazón, porque nosotros lo vemos como un amigo de los deportistas y nos sentimos muy apoyados.

El Presidente: -Carlos, lo más importante es el apoyo que los mexicanos le dieron para esta carrera; quiero decirle que los jóvenes deportistas que tenemos en México y las familias estaban muy atentas para ver si se lograba alcanzar esta presea y su resultado nos ha alentado mucho a todos, pero, sobre todo, a las familias de México.

Usted debe sentirse muy contento de haber alcanzado esta meta y de saber que hay muchos jóvenes que quieren ser como usted, entrenarse bien, dedicarse al deporte, alejarse de aquellos que no les hace bien y poner siempre el esfuerzo adicional que se requiere.

La entrevista fue trasmitida por la televisión, que incluyó algunas escenas de la prueba de 50 kilómetros. El presidente Salinas de Gortari agregó:

-Mire esa toma, qué bonita, en este momento, en donde se ve el esfuerzo que usted le va poniendo, las ganas que tiene de llegar para alcanzar la medalla.

Mercenario: sí señor Presidente. Estamos muy satisfechos todos, todo mi equipo, no únicamente un servidor sino todos los que formamos parte del equipo mexicano, toda la delegación está muy contenta. Y repito: muy agradecidos por todo el apoyo.

-Y yo creo -añadió Carlos- que México se merece un triunfo. Porque la gente, como usted lo decía, nos apoya muchísimo y nuestro México siempre ha estado pendiente del deporte. Y yo creo que debemos seguirle dando triunfos.

El Presidente: -Oiga Carlos, ¿ya pudo descansar?

(Risas)

Mercenario: -Sí, gracias, señor.

El Presidente: ¿Cómo sintió el calor?, porque muchos hablaron de la humedad; otros hablaron de los jueces, pero usted no habló de nadie, llegó a la meta y ganó una medalla.

Mercenario: -Bueno, sí, estuve en condiciones difíciles para nuestra prueba; hay mucha humedad y mucho calor, pero hay que reconocer que las condiciones difíciles son para todos y había que tratar de aguantar; nos preparamos mucho, nos preparamos a conciencia y sabíamos de antemano que teníamos con qué pelear. Lo importante era hacer la pelea y si se conseguía, excelente, pero teníamos confianza en nuestra preparación, sobre todo, señor.

El Presidente: -Tiene usted razón: el clima era parejo para todos. ¿Dónde se preparó Carlos?; ¿Cómo hizo para prepararse para un lugar que iba a tener esa humedad?, usted lo sabía desde antes, ¿verdad?

Mercenario: -Sí. Estuvimos entrenando en Sudamérica, en Bolivia, en un acostumbrado campamento que hacemos siempre; teníamos algunos descensos a condiciones similares a las que había aquí en Barcelona, a lugares de calor, a lugares tropicales, para que, cuando llegáramos a Barcelona, nos encontráramos con esto un poquito acostumbrados, aunque no te puedes acostumbrar definitivamente, pero se hace lo más posible por estar adaptado.

El Presidente: -La gente en Barcelona ¿cómo lo trató?, ¿lo animaba?

Mercenario: -Excelente. Sobre todo que aquí, la marcha en Barcelona, en España, es un deporte muy visto; porque España ha tenido marchistas muy famosos, ha tenido medallistas olímpicos, la verdad es que a los mexicanos, en especial, nos apoyaban mucho.

El Presidente: -Se veía, durante la competencia, que había grupos que lo animaban especialmente a usted, ¿qué, eran mexicanos?
Mercenario: -Sí, estaban aquí muchas familias mexicanas, entre ellas la mía, y en el circuito fueron saliendo banderas de México, porras de México. Y en ese momento es cuando empiezas a sentir su compañía, y ya sabes que no hay nada mejor que ver a tus paisanos, a tus compatriotas alentándote -y tan lejos, ¿no?- porque mucha gente vino a apoyarnos hasta acá, hasta Barcelona.

El Presidente:-Qué bueno, Carlos. Además lo felicito porque es usted muy sencillo y se expresa..., con mucha claridad, sonríe con mucha amabilidad. Quiero decirle que me da mucho gusto tener un tocayo como usted.

Mercenario: -Gracias señor Presidente, estoy muy contento de haber podido platicar con usted.,

El Presidente: -Muchas felicidades y pronto lo recibiremos con una gran recepción, aquí en México, para hacerle sentir la alegría que nos da su triunfo, Carlos.

Mercenario: -Gracias, Señor.

El Presidente concluyó: -Muchas felicidades y hasta luego.

DE NIÑO, INQUIETO E IMPULSIVO

Carlos nació en la ciudad de México, el 3 de mayo de 1967. Con Verónica, únicos hijos del matrimonio formado por Carlos Mercenario y María Elena Carbajal.

Su niñez transcurrió normalmente. Fue un pequeño inquieto, travieso, impulsivo y audaz.

Más, ese cúmulo de energía se desbordó en una ocasión en un accidente más, por imprudencia...

Recuerda:

"Tenía como seis años y fui, con mi familia, a casa de una tía, allá por la colonia Roma. Era una reunión familiar. Cuando ya nos despedíamos, mi mamá me tomó del brazo, pero de pronto mis primos, mayores que yo, se cruzaron la calle para ir a la tienda á comprar dulces. Me solté y también corrí, hasta que me atropelló un carro; después me dijeron que me había aventado como diez metros. El señor enfrenó pero me alcanzó a golpear en el lado derecho. Me decían que un tío sacó a ese fulano del coche por la ventana; él no había tenido la culpa. Recuerdo, vagamente, que sentí volar. Me acostaron en el cofre de un coche y, como esa calle era muy transitada, pasó un doctor, se dio cuenta de la situación y me revisó. Afortunadamente sólo saqué el golpe y algunos raspones. . .".

Ese inquieto niño requería de algo más que ir a la escuela y jugar con los amigos.

Sus padres, preocupados por encontrar dónde Carlos encauzara esa energía que amenaza desbordarse, aceptaron que su hijo fuera en compañía de sus amigos a jugar futboI americano, en la organización Comanches, cercana a la casa de los Mercenario Carbajal, allá por Atizapán de Zaragoza.

Así, Carlos pasó a ser un comanche, a los 12 años de edad. Siempre lució el número 84 en el jersey amarillo y negro, semejante al de los Acereros de Pittsburgh.

"En un principio jugaba de ala cerrada. No me gustaba, es una posición 'burrita', de poco lucimiento, como la de un machetero. Pero luego pasé a ser ala defensiva, donde uno luce más, que es lo que te emociona, que agarras al quarterback atrás o cuando las jugadas van por tu lado, cuidas la orilla, o en una pichada las agarraba en el vuelo rompiendo la jugada, o también en jugadas de pase que entra al ala".

Mas el futbol americano no llenó las necesidades de Carlos debido a que sólo jugaba en el verano, en corta temporada de cuatro meses. Jugó tres temporadas: 1978-79-80. En ese lapso participó un poco en unas disciplinas de atletismo que se formaban en la secundaria, con el objeto de participar en las diferentes fases de los juegos escolares. Probó en salto de altura, bala y carrera.

"En una ocasión fuimos a una secundaria allá por Cuautitlán, pues yo era del estado de México, y me metí a una competencia de mil 500 metros, selectivos para los juegos infantiles y juveniles; llegué en segundo lugar y no califiqué".

Un poco de futbol americano... un poco de atletismo...

"Me quedaba con sed de seguir, fue así que cuando me invitaron unos amigos a jugar waterpolo en el CDOM acepté de inmediato. Yo creía que era un club deportivo".

Mas su ingreso a la caminata sería circunstancial. Poco duró el waterpolo juvenil en el CDOM.

Sería Gabriel Hernández, quien lo invitara a la caminata.

Recuerda Carlos:

"Gabriel era novio de una prima política. Un día llegué a mi casa; había una reunión. Ahí estaba él y hablaban de caminata, que había competido en los Juegos Olímpicos de Munich y ganado una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Cali. En fin, se hablaba del deporte y vaya que me parecía interesante ese tema. Se acababa de desintegrar el equipo de waterpolo, pero yo quería seguir en el deporte".

Hernández le preguntó: ¿te gustaría practicar la marcha?

"No me llamaba la atención correr o caminar, más me gustaba estar en la alberca, algún juego con pelota, cualquier deporte de conjunto. Pensaba que era muy monótono estar dando vueltas".

Sin embargo, Carlos aceptó. Gabriel Hernández lo llevó al CDOM y así, poco a poco, se enroló con el grupo juvenil que por las tardes atendían Adrián Navarro y José Alvarado.

"Tenía 14 años. Entrenaba alrededor de una o dos horas".

En esos primeros meses de 1981, Mercenario veía caminar a Raúl González, Ernesto Canto, Martín Bermúdez, Félix Gómez y otros en el circuito de asfalto del CDOM. Daniel Bautista y Domingo Colín, ya se habían retirado.

"Poco a poco oía los nombres de Raúl, de Canto, de Martín. Ya estaba más metido en la caminata. Antes no se transmitía mucho la caminata por televisión, pero ese día no pasaron la clásica información, sino una parte de la competencia de la Copa Lugano en Valencia, y ver los triunfos de Raúl y Ernesto me emocionó; los veía con admiración... pensaba en llegar a ser como ellos".

SU PRIMERA COMPETENCIA

En abril de 1981, González, Canto y el resto de andarines de primer nivel, iniciaban con la Semana Internacional de Caminata un nuevo ciclo deportivo que debía culminar en los Ángeles 84.

Para Carlos Mercenario en esa semana sería su debut competitivo: una prueba sobre 3 mil metros en pista, en el CDOM, para menores de 15 años.

Recuerda:

"Vinieron venezolanos y colombianos. Llamaba la atención la prueba de 5 kilómetros de juveniles, que ganó el colombiano Héctor Moreno, dando una sorpresa. Después seguía la mía. Hernán Andrade y otros amigos me dijeron: sal y tranquilo!

"La prueba se empezó a poner interesante porque de inmediato hubo un pique entre el venezolano Carlos Ramones y yo. Llegué muriéndome porque salimos como si fuera una prueba de 200 metros y no de tres mil. Gané y al día siguiente salí en los periódicos. Se publicó una foto del venezolano y yo caminando, y Raúl González al fondo; decía el pie de la foto: el campeón observando la competencia entre juveniles.

"Para mí era emocionante salir en el periódico. Fue mi primera competencia formal y gané por un paso". Me felicitaron. Nos entregó las medallas Daniel Bautista, quien andaba por ahí. "Nos premió el campeón", me decía el venezolano; fue muy agradable mi primera experiencia.

Los adelantos de Mercenario fueron notables y César Moreno Bravo, en ese tiempo presidente de la Federación Mexicana de Atletismo, dio una gran importancia al trabajo con los juveniles. fue así que en 1982 hubo una selectiva para asistir en julio a los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe Juveniles en Barbados. Carlos y un andarín llamado El Jorongo, fueron los seleccionados. Este último era el favorito para ganar los 5 kilómetros en pista.

"Era mi primera salida al extranjero, bien emocionante. El Jorongo había ganado la selectiva en México, pero en Barbados me fui atrás de él y cuando faltaban cien metros, decidí pasarlo y gané. Y una gran sorpresa: al otro día, en un periódico en inglés salía mi nombre porque había ganado".

En 1983, Carlos se adjudicó los 10 mil metros para juveniles de la Semana Internacional de Caminata, en el CDOM. Se imponía a Joel Sánchez, Biliulfo Andablo, Mauricio Villegas, entre otros destacados andarines.

Moreno Bravo no descuidó a esa camada de juveniles. En junio de 1984 acudieron a San Juan, Puerto Rico, al Sexto Campeonato Centroamericano y del Caribe para Menores de 20 Años. Ganó Carlos con tiempo de 46'18", seguido por Joel Sánchez con 48'7".

Dos salidas al extranjero; dos victorias.

Ya Hausleber lo había detectado; "este muchacho tiene madera de campeón, pues no se intimida. . .", decía el técnico polaco.

En los primeros días de junio de 1986 se proclamó campeón panamericano juvenil, a ganar los 1100 kilómetros con registro de 43'6.8", en el certamen efectuado en Winter Park, Florida.

Pero un mal resultado volvería a la realidad a este joven marchista que ya empezaba a lucir al lado de los estelares de la caminata mexicana.

Seguía, una semana después, el Primer Campeonato Mundial Juvenil de Atletismo, en Atenas, Grecia. Carlos sólo pudo conseguir un séptimo lugar con marca de 41'50.2"; la victoria para el soviético Mijail Schennikov.

No todo era felicidad...

Expone:

"Quedé muy decepcionado. Entrenaba con Canto, con Martín, con Félix. Me emocionaba hacerlo. Incluso, cambié mi vida. Ahora entrenaba mañana y tarde con ellos y estudiaba la preparatoria de las 18 a 22 horas; casi me dormía en la escuela. Y pensaba que si entrenaba con ellos y aguantaba, por qué no podía ganar los diez kilómetros del mundial".

"Pensé, incluso en el retiro. Me dije: voy a tomar un año más en serio, más intenso, si no destaco lo dejo. No me disgustaba la idea de retirarme. Pero como que se me hacía muy fácil tener una vida donde sólo tendría que estudiar, así que pensé en la carrera e incluso practicaba algunas ocasiones con Jesús Herrera o Martín Pitayo".

Concluía la temporada atlética de 1986, pero aún seguía la Copa Panamericana de Marcha en Montreal. Mercenario era todavía juvenil; sin embargo, integró el equipo con Ernesto Canto, Joel Sánchez y Biliulfo Andablo.

Canto y el canadiense Guilleume Leblanc eran los favoritos. Sin embargo, Ernesto abandonó en el kilómetro 15. Mercenario se ubicó en segundo lugar con una marca de una hora, 21 minutos y 33 segundos en 20 kilómetros, ¡la segunda mejor marca del mundo para menores de 19 años!. Leblanc había sido el ganador, con 1h 21'13".

"Yo no me di cuenta de lo que había hecho hasta que, a fin de año, vino Arturo Barrios Y me felicitó por lo hecho en Montreal. La marca había salido en la revista Track and Field. Eso me animó bastante".

1987, AÑO DE CONTRASTES.
DEL TRIUNFO A LA DESCALIFICACION

Carlos Mercenario tenía un buen currículum como juvenil: doble campeón Centroamericano y del Caribe; Panamericano; de la Semana Internacional de Marcha y un séptimo sitio mundial.

Con estos argumentos emprendería la temporada de 1987, ya con los andarines de primer nivel.

Como en todos los años, en abril, se llevó a cabo la Semana Internacional. Esa vez tocaron los 20 kilómetros en Jalapa, Veracruz, en el precioso Paseo de Los Lagos, sitio inmejorable para la caminata. Esa ocasión, Mercenario ocupó el sexto lugar atrás del ganador, Ernesto Canto, el checoslovaco Joseph Pribilinec, el noruego Erling Anderssen, Biliulfo Andablo y el colombiano Querubín Moreno. Había sido el cuarto mexicano; era seleccionado para la Copa Mundial de Marcha -antes Lugano- que se efectuaría días después en Nueva York.

Atrás quedaba el mal recuerdo de Atenas. Sólo recordaba con cariño su primera asistencia a una ópera, en un teatro griego antiguo; su visita al imponente Partenón, a la Acrópolis, al estadio Panatenaico, en compañía de otros destacados atletas juveniles como Eduardo Nava, Jorge Guevara y Héctor López, entre otros.

Antes de ir a Nueva York participó en España e Italia sin resultados halagadores; sin embargo, un entrenamiento en Tepotzotlán aclararía su vida deportiva.

Carlos:

"Aprendí que hay veces que un consejo o un apoyo si te llega en el momento justo, es trascendental. Como ocho días antes de partir a Nueva York, el profesor Hausleber puso un chequeo de 15 kilómetros en Tepotzotlán. Vamos a probar; platicaba con don Arturo en el masaje y me daba mi terapia, me pasaba tips, consejos, sobre todo disciplina; siempre que llegaba don Arturo sabía de lo que le estaba hablando. Esa vez del chequeo me aventé muy duro e hice promedios de 5 kilómetros de 21 minutos; es decir caminaba para hacer una hora y 24 minutos en los 20 kilómetros, y considerando el terreno empinado y la altura de la ciudad de México, pues era muy bueno. Hausleber, en su forma muy parca de motivar cuando haces algo bueno, no lo aplaude, y sólo me dijo: "bien muchacho".

Mas Carlos necesitaba comentar lo bien que se sentía...

"Después, en la sesión de masaje, le platiqué don Arturo Alfaro, nuestro fisiatra, que andaba muy bien. Le dije de mi tiempo y creo que algo le comentó a Raúl González, quien, a unos días de la salida a Nueva York me habló de dos aspectos: técnico y motivación. "Mira, me dijo, tienes chance de ganar".

"Como que sus palabras me sacudieron. Me lo decía un marchista que ya había ganado dos medallas olímpicas, pero sobre todo, por sus argumentos técnicos: "Ibas para hacer 1h 24'; toma en cuenta el terreno y la altura de Tepotzolán; a nivel del mar, ya en la competencia, puedes andar en una hora y 20 minutos y con ese tiempo puedes pelear. Tienes chance, échale ganas.

"Yo estaba físicamente en gran forma, abajo de los 60 kilos; era andar como navajita, pero no lo sabía...hasta que me lo dijo Raúl".

El equipo partió a Nueva York.

La prueba de 20 kilómetros sería el 3 de mayo. Carlos cumplía ese día 20 años de edad.

¿Habría mejor forma de festejar su onomástico con una victoria?

Allá Carlos -era un desconocido; Canto y los rusos eran los favoritos.

Un día antes se habían celebrado los 50 kilómetros y los alemanes impresionaron realizando el 1-2-3.

Pero, ese domingo, en Central Park, Mercenario daría una gran satisfacción a la caminata mexicana.

"No era el terreno ondulado un buen sitio para hacer buena marca, pero estábamos en el hotel Sheraton, con muchas comodidades. No me espanté. Como que todo era muy positivo, bien agradable. Dentro de mi inexperiencia tenía las nociones de hacer lo mío. Un día antes di unos jaloncitos e iba fuerte, me acompañaron unos cuates corriendo, y no podían ir a mi paso. Horas antes de la competencia me encontré en un restaurante a Hausleber y a Daniel Bautista y me preguntaron que si quería tomar algo y pues pedí un express, café que siempre me gusta y tomé agua mineral".

3 de mayo de 1987.

Ya, la competencia.

Salió Canto adelante, pretendía un récord mundial. A la mitad de la prueba tenía ventaja de 500 metros, iba fugado. Carlos caminaba con Mauricio Damilano, David Smith y los soviéticos, encabezados por Viktor Mostovik.

"Joel me decía que iba muy rápido, pero me sentía muy bien. El grupo iba compacto. Ernesto iba muy rápido y cuando pasamos el kilómetro 12, el australiano Smith jaló y cuando lo alcanzamos, los jueces lo descalificaron. Los rusos aceleraban pretendiendo qué yo me intimidara y los dejara, pero no les respondí bien. Después se empezó a rezagar Damilano.

Hausleber me gritó: vas bien, sólo te falta sonreir. Creo que, me veía espantado. Me relajé, me motivó. Entendí que a veces uno puede estar preparado para ganar pero uno no lo sabe. Además, la gente estaba apoyándonos!..

En el kilómetro 16, se rezagaron dos soviéticos, pero Mostovik se pegó a Mercenario. Ambos apretaron. Irían tras Ernesto, que caminaba para hacer menos de una hora y 18 minutos.-,

Agrega Carlos:

"Hernán, Martín y Félix, muy emocionados, me gritaban: 'Ya vas entre lo mejor del mundo'. Me sentía cansado, pero traía cuerda:.' Más adelante, Canto se tronó fue muy valiente, se aventó por una gran marca y no pudo. Di un jalón tratando de alcanzarlo para poder ir los dos, pero Ernesto ya no tenía nada. Mostovik se quedó atrás unos metros. Ya estaba en primer lugar. Faltaba una vuelta al circuito, pero no sabía quién venía atrás de mí. Cuando pasé la meta y corté el listón, lloré de emoción. La gente se precipitó sobre mí. Ahí estaban Daniel, Hausleber, mis compañeros y mi novia, la noruega Ragny Jensen, mis amigos. Todos estaban muy emocionados; Mostovik estaba enojado".

Aquel joven, que ese día cumplía 20 años, enfundado en una camiseta roja, con el número 580 en su pecho, era el centro de atracción. Mayúscula sorpresa. Su registro había sido de una hora, 19 minutos y 24 segundos. Se cumplía aquélla profecía de Raúl González.

Hoy, Carlos dice:

"Esa llegada es la que más me ha emocionado, más, incluso que la de Barcelona".

Ese 3 de mayo, fue un día memorable para él.

Explica:

"Ha sido uno de los días más agradables en mi vida. Quería quedar bien con mi novia, compartir esos momentos con ella. Por la tarde nos fuimos a conocer la estatua de la Libertad. Estaba con una alegría que te da una paz interna. Después, ya en la fiesta en el hotel, pasaban un video de las competencias. Ahí estaba yo, emocionado. Todo mundo me veía. Estaba muy alegre, feliz, recibía felicitaciones de todos".

Al día siguiente regresaron a México...

"En el avión vi algunos periódicos, hablaban de mí, me empecé a percatar de lo que había hecho. Después llegó la prensa al aeropuerto. Tardé mucho tiempo en salir. En casa de una tía habían preparado una pequeña fiesta, no era por el triunfo me festejaban mi cumpleaños y recibía el mejor premio: él abrazo de mis padres".

Al día siguiente, puntual, Carlos ya estaba en la pista.

Vendrían los Juegos Panamericanos en Indianápolis, Estados Unidos' y, pese-, a que el nivel de la caminata en América no es relevante, había que encarar la prueba con responsabilidad.. Mercenario labró, como antes lo hicieron sus compañeros en las llanuras bolivianas, su victoria.,

Mercenario lo hizo. El resultado no podía ser otro: medalla de oro en 20 kilómetros; Canto nuevamente había abandonado.

Pero en esta ocasión no había momento de festejos; días más adelante se competiría en el segundo Campeonato Mundial de Atletismo, en Roma, Italia Y hacia allá habían ido las dos mejores cartas de México: el andarín del momento, Carlos Mercenario, y Ernesto Canto, que había visto pasar sus mejores años: campeón mundial en 83, en Helsinki, y medallista de oro en Los Ángeles 84.

-Cuidado con los mexicanos.

Los jueces fueron implacables esa noche del 30 de agosto de 1987. Tarjeta roja de descalificación para el soviético Franz Kostiukevic, otra para el alemán oriental Axel Noack, e igualmente para los mexicanos Canto y Mercenario.

El triunfo fue para el italiano Mauricio Damilano con tiempo de una hora, 20 minutos y 45 segundos.

Relata:

"Roma me dolió muchísimo, casi me dio en la torre. Me quitó la confianza que para mí había comenzado a ser excelente. Canto se había desgarrado en Indianápolis y en Roma fue descalificado en el kilómetro 15. Cuando faltaban Poco más de dos vueltas, íbamos Damilano, Canto y yo. Era tan duro el pique nuestro que dejamos al italiano. Canto se adelantó y yo con él. Sacaron a Ernesto y Damilano se emparejó conmigo. Era yo el protagonista, pero estaba cansado. Damilano se percató de que había aminorado el paso y dio un jalón para sacarme unos metros, pero en mi afán de alcanzarlo, pues ya me seguía otro italiano, Walter Arena, apreté. Sin embargo, el juez Tossi, italiano, me mostró la primera tarjeta roja en mi vida. No lo creía y seguí; no lo aceptaba. Me parecía como un mal sueño. Más adelante me pararon, me quitaron el número pero seguí caminando, a la orilla, sólo para ver pasar a Pribilinec y a José Marín, que ocuparon el segundo y tercer lugar, atrás del italiano que triunfaba en su tierra, ante sus paisanos".

Recordar aquellos momentos molesta al mexicano, quien subraya con rencor:

"Esa tarjeta roja me partió el alma, perdí ese año la confianza. Pensé en cambiarme de especialidad. Ya había ganado una copa mundial, ya tenía un lugar en la caminata, y 'pensaba 'en la maratón. Lloré, me dolió mucho'. Perdí la confianza para 1988".

SEUL, PRIMERA INCURSION OLIMPICA

Carlos Mercenario prosiguió su camino hacia Seúl; su primera incursión olímpica.

Había que ir con cuidado.

Un espléndido currículum corno juvenil se había robustecido con el triunfo en la Copa Mundial en Nueva York; sin embargo, la descalificación en Roma había venido a darle la natural inseguridad. Había sido retirado por los jueces por vez primera.

No obstante, había sido el mejor deportista mexicano en 1987 y recibió, en noviembre de ese año, el Premio Nacional de Deportes.

¿De qué estaba hecho Mercenario?, era la interrogante.

La justa seulita estaba a sólo unos meses...

En 1988, Joel Sánchez ganó la prueba de 20 kilómetros de la Semana Internacional; más, sorpresivamente, Mercenario y Canto abandonaron la competencia celebrada en la Macroplaza de Monterrey.

- "Cuando llegamos a la meta, un reportero de televisión me preguntó: ¿qué se siente no calificar a Juegos Olímpicos? Imagina eso. Había abandonado, desde luego me sentía mal por eso y venía esa pregunta que francamente me dolió. Siento que no era el momento para que a uno lo crucificaran por una actuación".

Carlos explica:

- "Esa ocasión perdí el vuelo a Monterrey y mis papás tuvieron que comprar el boleto aéreo. En ese viaje iba Raúl, que ya trabajaba en el PRI, y me empezó a apoyar; a dar consejos, platicar cosas tácticas. Incluso, me dijo que me fuera a su hotel, que ahí me concentrara, meditara, comiera bien y descansara. Y así lo hice, pero cometí un error a la hora de la comida. Había hecho la dieta de carbohidratos, que me dio resultados excelentes, y esa vez comí en abundancia y resultó que a la hora de la competencia no me hizo digestión. Fallé, fue culpa mía. Me salí a media competencia".

Mercenario dio en Montreal la marca tope, inferior a una hora y 22 minutos. Posteriormente acudió a la gira por Europa donde sobresalió al ganar en Moscú el campeonato nacional de la República Rusa en los 20 kilómetros; a Canto lo descalificaron y Joel tuvo una actuación regular.

A su regreso, los andarines participaron en el campeonato Iberoamericano en la ciudad de México. Mercenario hizo una excelente marca en 20 kilómetros, abajo de 1 hora con 22 minutos. Canto ocupó el segundo lugar y el español Daniel Plaza fue tercero, en el circuito de Reforma.

El proceso iba bien, dentro de lo calculado; sin embargo...

"Estaba en esos momentos en muy buena forma. De ¿dónde se me podía sacar más brillo? Fuimos a Bolivia y me cansé, siento que el haber entrenado al 110 por ciento no era necesario. Comprendí que no bastaba ofrecer el corazón sino que había de actuar con mayor inteligencia. Allá pensaba en Seúl, en meterme entre los primeros; mi idea era pegarme al grupo puntero y aguantar hasta morir".

No fue así. Carlos había sido señalado entre los favoritos por la prensa extranjera para ganar la presea dorada de Seúl, pero al final sólo consiguió el séptimo sitio.

Expone:

- "Era el favorito de la prensa, pero no supe digerir eso. No supe actuar con inteligencia, me salió la novatez".

La descalificación de Canto, ¿hasta dónde influyó?

- "La vi. A lo mejor inconscientemente me dio miedo. ¡Híjole, ya lo echaron! Pero en realidad lo que sucedió fue que en ese momento había ido por una esponja con agua y me quedé, perdí unos metros que a la postre fueron definitivos, ya que era el momento en que había que jalar. Ernesto lo vio así y con él se fueron Pribílinec y Weigel, hasta que los jueces lo sacaron".

Añade:

- "Ese séptimo lugar en Seúl quedó para mí. No fui conformista. Sentía que era bueno ese lugar para mi esfuerzo, pero si lo comparaba con lo que en México siempre esperan que ganes, pues era malo. Esta era mi primera Olimpiada y no estaba desilusionado".

A fines de 1988, los andarines acudieron a Mar del Plata, a la Copa Panamericana. Mercenario logró el primer sitio seguido de Ernesto Canto y del canadiense Guilleume Leblanc. Posteriormente fue invitado a Japón, donde ganó la prueba de 20 kilómetros de pista.

"Con esto quedé con mejor sabor que después de Seúl".

1989, AÑO DE RETROCESO

Como ha sucedido en otras ocasiones cuando no se obtiene el éxito en la justa olímpica, tras Seúl vinieron ausencias y reestructuraciones.

La caminata mexicana fue, además, afectada por la renuncia de Jerzy Hausleber en la dirección del equipo; su partida a Canadá provoco aquí un mar de disputas, polémicas y fricciones que terminaron por acabar con la disciplina en el grupo creando un divisionismo que afectó a la mayoría de andarines; Carlos Mercenario no fue la excepción, incluso, fue de los más dañados.

Mercenario explica:

"Por la polémica que se hizo aquí con la designación del sucesor de Hausleber, pensé incluso en irme a Canadá, pero el profesor no lo permitió. Aquí hubieran pensado que iba a llevarse a los atletas. Yo quería seguir entrenando con José de Alvarado, con quien me había iniciado y que era quien había estado más cerca de Hausleber, pero no fue posible porque las autoridades designaron como técnico nacional a Miguel Ángel Sánchez, a quien respeto, pero al cual no tenía confianza. El no tener la libertad para poder elegir con quién debía uno entrenar afectó a todos; fue una situación muy incómoda".

No obstante lo anterior, Mercenario empezó bien 1989. Ganó nuevamente los 20 kilómetros de la Semana Internacional, pero antes -de ir a Japón, donde había sido nuevamente invitado, se lastimó el tobillo izquierdo.

Yendo por el CDOM -explica-, un doctor ruso me vio que cojeaba. Me dijo con su pobre español y con señas: "Que Mercenario, problemas" Me revisó y después infiltró al tobillo. Me dolió muchísimo, y más porque me fui a casa en mi moto y siento que me lastimé aún más. Estaba como anestesiado".

Aún así, Carlos acudió a Japón y ganó. Posteriormente regresó y entrenó con el resto del grupo en Toluca, alcanzando una deficiente preparación que culminó con un décimo quinto sitio en la Copa Mundial celebrada en España, con un tiempo de una hora y 27 minutos.

Este había sido su peor año.

La lesión y los problemas con el entrenador nacional habían incidido negativamente; empero, tenía que seguir, encarar la siguiente temporada de vital importancia en su camino a Barcelona 92.

UN NUEVO RETO: CAMINAR 50 KILOMETROS

1990 sería definitivo para Carlos...

Para todos los andarines.

Era este el año crucial; no había tiempo para quejas o desmayos.

Mercenario tomaría una decisión, que a la larga, sería trascendental: caminar los 50 kilómetros.

Explica:

"Honestamente, no me fue bien en los 20 kilómetros de -la Semana, Internacional, - aunque ya tenía la libertad de elegir con quien entrenar. Me fui con Pedro Aroche, con quien llevé una relación más amistosa ya que él daba la disciplina más personal. Posiblemente por ser él un "cincuentero me dio una preparación para los 50 kilómetros; le puso ese saborcito de alguien quien lo practicó".
¿Solo porque le fue mal en 20 kilómetros?

Carlos es honrado. No busca excusas; acepta haber cometido un costoso error, pero sobre todo puntualiza que las críticas que recibió por su mala actuación en esa prueba en Monterrey lo orilló al cambio de especialidad.

Expone:

"Me descuidé para la Semana de 1990. Días antes de viajar a Monterrey, donde se llevarían a cabo los 20 kilómetros, Hernán Andrade y yo donamos sangre para un amigo que había tenido un accidente y estaba muy grave en el hospital.

"No, no es ninguna justificación. En Monterrey las piernas no me respondieron. ¿Qué pasaba? me preguntaba la gente y surgieron unos comentarios absurdos de que me había ido con alguien, que irresponsablemente me había descuidado.

"Desgraciadamente nuestro amigo falleció, pero, cuando surge una situación así ¿podría haber hecho otra cosa? Incluso la esposa del profesor Hausleber nos vio salir del hospital y nos preguntó preocupada: ¿ustedes también donaron sangre? Ella, conocedora del deporte, nos dijo que lo debíamos haber pensado mejor. Que lo que ganábamos. en Bolivia lo habíamos tirado y nos recomendó hablar con su hijo, el doctor Tomás, para que nos ayudara ingiriendo vitaminas y otros complementos.

"Más que la actuación en esa prueba, lo que me dolió verdaderamente fueron los comentarios hechos por personas que ni siquiera habían estado en Monterrey, y menos qué sabían el error que habíamos cometido al donar sangre días antes de competir".

Aquello fue una espina que quedó clavada en el corazón de Carlos Mercenario, quien inesperadamente se inscribió para participar en la prueba dominical de 50 Kilómetros, que se celebró en abril de 1990 en el circuito de Chapultepec, ahí en Reforma.

Resultado: segundo lugar con un buen registro de tres horas, 52 minutos y 18 segundos; apenas atrás del soviético Andrei Perlov (3h 5l'48"), quien meses antes había logrado el segundo sitio en la copa mundial de marcha en España. Los comentarios de Hausleber y Raúl González fueron de elogio'
Carlos había aprobado el examen.

Posteriormente, Mercenario asistió al campeonato nacional de Rusia en 20 Kilómetros, situándose en séptimo sitio con un buen registro de una hora, 19 minutos y 40 segundos; el resto del equipo viajó a Noruega, donde triunfaron con tiempos inferiores.

Después compitió en la tradicional. Praga Podebrady, en la cual fue segundo con 3h 50'. Ganó -el alemán Hartwig Gauder.

En Bolivia, "estaba bailando entre caminar 20 o 50".

Hausleber me dijo que me fuera a los 50 y como ya sabía lo que era un mundial en 20, me ayudó mucho el cambio. Tenía que probar otra cosa, no caer en la monotonía".

-Mercenario concluyó la temporada de 1990'a1 .participar -en los 20 kilómetros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe que tuvieron lugar en el circuito de Ciudad Universitaria, con ingreso al estadio México 68, en el cual sucedió una memorable "bajada que aprovechó Ernesto Canto para irse a la victoria con marca de una hora, 23 minutos y 51 segundos. La presea de plata fue para Carlos con 1h 24'2"

DE VUELTA CAMPEON DE LA COPA MUNDIAL

El regreso de Hausleber a México y el apoyo de Pedro Aroche y José Alvarado surtieron efecto en Carlos Mercenario quien, como pocos, realizó un gran entrenamiento en Bolivia; cumplió fielmente con todas las fases en el Titicaca y pronto encontró los resultados apetecidos por todos en 1991.

Inició con el tercer lugar en los 50 kilómetros de la Semana Internacional, atrás de Perlov y Vitaly Popovich, con 3h 50'30.", en el tradicional circuito de Chapultepec, en abril de ese año.

Y de nueva cuenta, su presencia en una copa mundial de caminata; ahora en la extenuante prueba de 50 kilómetros, en San José, California.

Nuevamente en Estados Unidos, donde había logrado (Nueva York 87) un título mundial.

Otro reto ante sí. . . Y aún más porque, el día anterior, el ruso Schennikov había ganado a Canto por escasos tres segundos en los 20 kilómetros.

Pero ya, la prueba, aquel 2 de junio de 1991.

Mas, que sea Carlos quien la narre:

"Fue una competencia muy rápida. Los soviéticos Perlov y Popovich se fueron al frente, como lo hacían en aquellas competencias de la Semana Internacional, por lo que se puede decir que ya había un pique deportivo entre los tres. Siento que ellos pensaron que en esta ocasión no los seguiría, pero me les pegué Junto con el australiano Simón Baker con el alemán Wligel; es decir, ahí estábamos un grupo de cinco andarines, donde cualquiera podía aspirar a la victoria. A Popovich lo descalificaron y Perlov dio un jalón. Casi se repetía la historia del circuito de la Reforma, apenas en abril de ese año, así que otra vez había que caminar duro. Creo que para muchos era una sorpresa que me mantuviera con Perlov. El profesor Hausleber y Daniel Bautista me gritaban: ¡aguanta! Como a cinco kilómetros del final, Perlov aceleró y, me dejó, pero faltando una vuelta lo descalificaron. El se siguió y antes de que cruzara la meta el juez Gary Westerfield lo detuvo para evitar una mayor polémica si Andrei cruzaba la meta. Cuando pasaba por la última zona de abastecimiento, Aroche me dijo que habían descalificado al ruso y que yo iba en primer lugar. Desde ese momento caminé emocionado".

Mercenario registró tres horas, 42 minutos y 3 segundos, para ser la segunda mejor marca en la ,historia de la caminata mexicana, apenas inferior a la realizada por Raúl González en 1979, en la prueba Praga-Podebrady, de 3h 4l'l9".

En segundo lugar terminaría Baker, con 3h 46'36"; tercero, Weigel con 3h 47'50".

Carlos cerraría el año con una gran actuación en los desgastantes 50 kilómetros de los Juegos Panamericanos, que tuvieron lugar en La Habana, Cuba, bajo un ardiente calor y alta humedad. Su tiempo fue la 4h3'9".


UN SUENO LLAMADO BARCELONA

Llegaba el año olímpico.

Carlos Mercenario estaba ya en la antesala de sus segundos Juegos Olímpicos.

Quizás los de su consagración.

Había sido perseverante, tesonero, atento y, sobre todo disciplinado.

Precisa:

"Antes de Seúl había tenido aquella descalificación en el campeonato mundial de Roma que me había desplomado, incluso pude en esos momentos renunciar a la caminata y convertirme en maratonista. Tenía una inseguridad que me afectó; sin embargo, iniciaba 1992 bajo los mejores augurios, dueño de una enorme fe por los resultados de 1991, pero sobre todo, porque confiaba plenamente que el trabajo realizado no sería en vano".

¿Y el sueño por una medalla olímpica?

"Lo tenía; pero más que soñar, pensaba en cómo debía competir. Recordaba como, de chiquillo, había visto por la televisión la prueba que ganó Daniel Bautista en Montreal, así corno las transmisiones de Los Ángeles 84, donde Raúl y Canto se consagraron. Quería ser como ellos"

Lo mismo, contribuyeron aquellas enseñanzas del futbol americano cuando portaba el jersey 84 de Comanches... de dar siempre un esfuerzo extra, de' entrenar al 100 por ciento, de trabajar en equipo, de, tener una, mentalidad recia y ganadora. Pero sobre todo, el respeto y la disciplina para lograr el éxito'.

Y una dura, pero valiosa enseñanza.

Mercenario recuerda:

"Habíamos terminado el entrenamiento cuando el coach de Comanches, José Luis Caballero, nos reunió en el centro del campo y echamos una porra al equipo. El se despidió de nosotros bostezando. Lo imité y una cachetada acabo con la risa de mis compañeros y mía. Me dolió sentimentalmente. Imagina que tu coach te pegue por una burrada. Al otro día hubo un partido de práctica y salí a darlo todo. Lo estaba haciendo bien cuando, de pronto, José Luis me llamó. Creí que me iba a sacar como castigo, pero no. No me dijo nada, se me quedó viendo y me dio una palmadita en la espalda y me envió nuevamente al campo: ¡Échale Mercenario!, ¡vamos, a ganar! No tenía que decirme más".

Carácter que, posteriormente, reforzaría en las amplias carreteras rumbo al aeropuerto de La Paz, en Bolivia, así como en el cerro Chacaltaya, a casi cinco mil metros de altura, en agobiantes entrenamientos en aras de forjar al andarín, capaz de soportar la intensa presión olímpica.

Pero Carlos Mercenario iba ya rumbo al podio olímpico.

Así lo consignó Armando Satow en su crónica publicada en el diario unomásuno de la prueba de 50 kilómetros de la XVI Semana Internacional de Marcha, celebrada el 6 de abril de 1992: Ve Carlos, ve.

Vamos; ya es tiempo de ir por la victoria.

De dar el primer paso rumbo a Barcelona.

Que el camino, aunque largo, está ahí, a la mano.

Pero, es cierto, tú ya lo conoces.

Poco queda de aquel joven de 20 años que acudió a Seúl... hoy, eres diferente.

Te sabes poderoso; no en vano con tesón y responsabilidad has soportado las fuertes Y largas sesiones allá en las carreteras bolivianas, a casi 4 mil metros de altura sobre el nivel del mar. Que ese aire enrarecido haya llenado tus pulmones -sin el smog del D.F.- en tu estadía allá en el lago Titicaca.

Ve por el triunfo porque éste representa la continuidad de una tradición deportiva más que se remonta hacia aquellos pasos torpes pero decididos del sargento José Pedraza, sin olvidar también lo realizado por tus compatriotas, Raúl González, Domingo Colín, Enrique Vera, Martín Bermúdez, Ernesto Canto y otros que, incluso, han situado a la especialidad atlética de la caminata en las más altas esferas mundiales.

Ve Carlos, ve...

Dirígete hacía la meta.

Cumple con esta misión; con este primer compromiso de] año. Cumple con él porque estás en el camino rumbo al estadio de Montjuic y que allá, como ahora, también logres estremecer los corazones de quienes te han visto.

Que se entienda que, una vez cubiertos 40 kilómetros de esta agotadora prueba, todavía puedes sprintear, jalar con inusitado vigor mostrando en tu larga zancada la avidez de la victoria. Que si bien' ahora te viste cobijado por los enormes ahuehuetes de Reforma, el camino de cinco meses a Barcelona no- estará despejado y sólo tu trabajo, dedicación, entrega y responsabilidad te harán salir avante


Ve, dirígete a la victoria, que allá en el podio la gente, te espera.

El reportero ha comprendido la mirada de Jerzy Hausleber hacia su pupilo. El mensaje lo ha entendido Carlos Mercenario, cuya silueta se pierde rápidamente en la larga recta del circuito de Chapultepec. No hay más instrucción: no más, cuando la superioridad ya ha sido evidente a lo largo del trayecto de 40 kilómetros...

Hace frío en esta mañana de domingo.

Una ligera llovizna cae sobre el duro asfalto de Reforma, ahí frente al Museo de Antropología e Historia; sin embargo, ya 77 participantes se alistan para iniciar la prueba de 50 kilómetros con la cual da inicio la XVI Semana Internacional de Caminata, prueba que se instituyó a raíz de aquella victoria de Daniel Bautista en Montreal 1976.

Hay ligeros sprints de calentamiento.

Los músculos están tensos, duros, hasta que suena el silbato que llama a los competidores a la línea de meta, para la arrancada. Y ahí, entre el grueso de atletas, surge la voz firme de Mercenario quien ve de reojo al ruso Andrei Perlov campeón de las ediciones de 1990 y 1991: "vamos a darles en toda la chapa a éstos".

Mercenario es el líder de los mexicanos.

Tiene el liderazgo, producto del trabajo allá en Bolivia.

Miguel Ángel Rodríguez, Germán Sánchez, Rodrigo Serrano han entendido el mensaje. Perlov Alexander Potashev; el alemán Ronald Weigel, el canadiense Guilleume Leblanc, entre otros extranjeros, no se inmutan. Su experiencia los respaldan sin embargo ...

Allá van ...

La caminata ha arrancado.

La serpiente humana cada vez es más larga. Los que aspiran a la victoria han ido por ella. LeBlanc se- atreve; va a la punta... sería una imprudencia, a los 2 mil 309 metros sobre el nivel del lugar.

Mercenario, Rodríguez y Sánchez no se desesperan; lo acosan, y van unos cuantos pasos atrás dé él, acompañados por Perlov, el joven Daniel García y el veterano Hernán Andrade, quien acusa la fatiga y comete tres infracciones que ameritan su descalificación; lo mismo sucede al hondureño Marcos Aguliz.

Weigel -subcampeón olímpico- se quiebra en el kilómetro 25; Perlov en el 30. ¿Y LeBlanc? El espigado canadiense sigue al frente, no desmaya. Empero, hay calma en los mexicanos.

Mercenario, Rodríguez y Sánchez empiezan a jalar, a apretar el tranco. Ya es hora de buscar victoria, a trece kilómetros del final.

Ceden Sánchez y Rodríguez...

Mas Mercenario alcanza a Weigel para aventajarlo con una vuelta al circuito de dos mil 500 metros y juntos caminan los últimos cuatro giros hasta que, en la misma raya, el alemán tiene que agacharse para no privar de la foto al genuino ganador, rompiendo el grueso listón en la raya de sentencia.

Mercenario registró tres horas, 50 minutos y 9 segundos; fue seguido por Rodríguez con 3h.50'55"; Sánchez, 3h.5P2", para ser ellos los tres representantes de México en la justa de Barcelona. El cuarto lugar lo ocupó Leblanc, con 3h.56'46", en la mejor actuación de su carrera deportiva en México; en quinto, el universitario Daniel García -alumno de Miguel Ángel Sánchez- con sólo tres años de práctica de esta disciplina; sexto Perlov, séptimo el japonés Kosaka, y octavo el alemán Weigel, ganador de dos preseas de plata en la justa seulita.

Declaraciones:

"Salimos a calificar y lo importante es que México tiene un equipo; trabaja como equipo porque ha entendido que las medallas se construyen en los y entrenamientos": Mercenario.
"Carlos es un serio aspirante a una medalla en Barcelona": Raúl González Rodríguez, titular de la Comisión, Nacional del Deporte.
"Ojalá y tengamos muchos días de estos": Julián Núñez Arana, presidente de la Federación Mexicana de Atletismo, ya que ese mismo día Salvador Halcón García e Isidro Rico habían logrado el 1-2 para México en la maratón de Rotterdam.

LA CONVICCION DE UN GANADOR

Carlos contó siempre con el apoyo de sus padres.

De toda su familia, pues.

Don Carlos, contador público, hasta hace unos meses trabajaba para una empresa, mas tomó una decisión que no pasó desapercibida para su hijo: independizarse, arriesgar, buscar mejores oportunidades para los suyos. Y lo ha logrado en su propio negocio de bienes raíces.

El marchista pondera la decisión de su progenitor; para él;-asienta- fue un ejemplo de valor que marcara su vida. No podía, por consiguiente, flaquear en el momento decisivo: la justa olímpica, para la cuál el se había preparado con pasión.

La familia Mercenario Carbajal lo alentaría en las tribunas del estadio de Montjuic; él haría lo suyo en el asfalto boliviano y, posteriormente, en el catalán.

El compromiso está ahí, nadie podía fallar.

Carlos estaba consciente de ello, lo sabía y emprendió el viaje a Bolivia, a aquellas tierras sudamericanas en las cuales se han preparado los andarines mexicanos para acometer el desafío olímpico. Quienes han entrenado a conciencia, de manera responsable, han tenido el justo premio de estar en el podio, de pertenecer al Olimpo.

Allá Carlos cumplió su parte.

Se había privado de asistir a la ceremonia de abanderamiento; podría haber sido un digno abanderado, pero no había tiempo para ello; tampoco para viajar con el resto de la delegación a España. El estaba en lo suyo, acumulando trabajo en sus largas y poderosas piernas... Alrededor de seis mil kilómetros de preparación.

Ya sólo restaba viajar a Barcelona.

Recuerda:

"En el vuelo de La Paz hacia Barcelona, hicimos una escala en Miami. Cuando volábamos, estaba precisamente la competencia olímpica de 20 kilómetros. El resultado era una incógnita para todos. Habíamos calculado que, cuando llegáramos a Miami, en el inter de tomar el otro avión, caminamos cerca del aeropuerto para acostumbrarnos un poco al calor. Teníamos el tiempo justo para hacer un entrena miento, cambiarnos y abordar el avión".

"Mientras nosotros -lo hacíamos, el profesor Hausleber investigaría el resultado. Tenía que hablar por teléfono a Cancún, donde estaba su hijo Tomás".

`Nosotros estuvimos esperando para saber qué había pasado y no necesitamos ver mucho para conocer que el resultado había sido malo. Hausleber preguntó: ¿Quién ganó?... Y Tomás dijo: él español Plaza, después el canadiense Leblanc, y tercero el italiano Benedictis...

"Entró la decepción porque no había medallas'" Después le dijeron que Daniel García había quedado séptimo y muy rezagados Joel y Canto. El profesor se metió al baño del hotel del aeropuerto,.estaba ya muy molesto, Heno de coraje". "Para nosotros había sido una sorpresa, y ya que Joel andaba muy fuerte. Incluso en un entrenamiento en Bolivia, él me jalaba, estaba muy bien mejor que yo. Canto se enfermó en la última semana de una gripe muy fuerte, pero bueno, nos bajamos a entrenar con ánimo porque sabíamos que lo cincuenteros sí habíamos tenido una buena preparación"

Carlos hace una pausa, recordar aquellos desagradables momentos, lo estremece pero agrega:

"Cuando te va bien, todo se conjunta los tres de 50 andábamos muy bien y no había desconfianza. Nuestra unión era sólida, pensábamos positivamente. Durante el viaje a Barcelona platicamos que con nosotros tenía que ser diferente. Lo cual verdaderamente nos ayudó mucho fue que en nuestra preparación nada se improvisó. Ya habíamos probado el calor y contamos con el bioquímico ruso Karmanowski, con el doctor Covarrubias, con Hausleber con Alvarado".

"Lo definitivo fue que estábamos conscientes de que nuestra preparación había sido científica, que no cabía eso de que a lo mejor resulta. Por ejemplo: vimos que yo me sentía mal al tercer día, de estar en el calor, pero como sabíamos que llegábamos con siete días de anticipación, era lo mejor. Es decir, teníamos la seguridad de que nos iba a ir bien".

"En lo personal, me sentía muy respaldado. Llegamos a España y los tres primeros días me sentí muy mal, pero me decía: cálmate, lucha contigo mismo. Recordaba el frío de Bolivia, pero también las idas a Trinidad Beni, en el Amazonas, con un calor tremendo superior al de Barcelona. Nosotros, aunque después en México se cuestionó el trabajo, gracias a Dios no inventamos

¿QUÉ TE DIO LA MEDALLA?

"La satisfacción mas que nada de ser culpable darle un- gusto a gente, que te quiere. A toda la gente que está contigo, independientemente del resultado; que está con Carlos Mercenario, aún en la derrota". ...

"Sentir que, el tiempo invertido, vale la pena; de sentir el gusto de conseguir- algo que has buscado no en un año o dos sino en muchos años. En' México' desafortunadamente trasciendes sólo con una medalla olímpica, pero en otros países también es valorado estar dentro de los mejores del mundo"

¿Atlanta'96?

"Yo creo que sí. Parece increíble, pero al otro día de haber llegado de Barcelona ya estaba en la carretera caminando; llegué con muchas ganas, con mucha motivación... ojalá y nadie me dañe y pierda el gusto por entrenar, - competir y darle a nuestro país algo por lo cual todos nos debamos sentir satisfechos y orgullosos".

Pero sobre todo, puntualiza Carlos, no defraudar a aquellos que lo han apoyado desde que era apenas, considerado en 1984, como talento juvenil en aquel Club Atlético México, como los hermanos Salinas de Gortari, de los cuales "no sólo he encontrado el apoyo con becas, sino el aliento de amigos que, como mexicanos nos esforzamos en dar lo mejor a nuestro país".

Ahora Carlos, tendrá que saber ser... en toda su vida.

VOLVER A SER CAMPEONES

1993.

Para Carlos Mercenario y el grupo de andarines mexicanos llegaba la hora de la verdad.

México era sede, por vez primera, de la Copa Mundial de Caminata.

Armando Satow, en su crónica para unomásuno, escribió:

Monterrey, 24 de abril.- Como volver al pasado.

Recordar Milton Keynes y Escliborn...

Quizá México 68...

Y repasar la rica historia de la caminata mexicana; como volver al pasado y rememorar aquellas muestras de coraje y determinación del sargento José Pedraza... de aquel moreno de pelo ensortijado, Daniel Bautista, que estremeció Montreal. . . de aquella pareja de Raúl González y Ernesto Canto que arrasaron en Los Ángeles... de Carlos Mercenario, incluso, en Barcelona.

¿Cómo? -mirar el futuro, sin voltear ese rico pasado-

Y, tras hoy, vislumbrar un presente lleno de esperanza y un promisorio futuro.

Porque esta tarde aquí, en la gran plaza regiomontana, donde se reunieron casi 50 mil espectadores, dos jóvenes mexicanos dejaron constancia de su tenacidad y ambición por el triunfo: Daniel García y Alberto Cruz, quienes de manera inteligente labraron una significativa victoria que momentáneamente da el liderato a nuestro país en este campeonato mundial de caminata, organizado por la Federación Internacional de Atletismo de Aficionados (FIAA).

Faltan mil metros; se han cumplido 19 mil.

La lucha por llegar a la meta es entre dos hombres.

Disputan palmo a palmo el liderato; han dejado atrás a 111 andarines que, como ellos, salieron a caminar sobre el caliente adoquín, en la búsqueda de la victoria.

Son ellos, Daniel García, mexicano, y Valentín Massana, español.

Dos jóvenes: 22 y 23 años, respectivamente, pero con un amplio futuro tras aquella intervención olímpica, en la cual Daniel ocupó el séptimo lugar y Massana fue descalificado cuando le faltaban escasos 650 metros, en pleno ascenso a Montjuic.
Pero hoy, esto se olvida.

Van ellos en pos de la victoria, aquí, en la Copa Mundial de Caminata.

Pero... ya, ya están a la vista. Han dejado la calle Modesto Arreola para enfilarse sobre la larga avenida Zaragoza. El grito del público estremece. iMé-xi-co!. .¡Mé-xi-co!. íMe-xi-co!.

Daniel va al frente... Como lo hiciera en 1976 el otro Daniel, el famoso Bautista de Montreal que hoy, aquí, como muchos, también se estremece nervioso, atento, como también sucede con Raúl González que acompaña al titular de la FIAA, Primo Nebiolo.

Es Daniel el primero que entra en el callejón, formado por macetas, de casi cien metros. Se sabe ganador, y lo festeja levantando el brazo izquierdo, entre los vítores de los miles de espectadores que se agolpan, con riguroso orden, sobre las vallas protectoras, impulsando al joven mexicano de 22 años, estudiante en la UNAM de la -carrera de entrenador deportivo y que apenas cuatro años atrás se iniciara en la marcha bajo la estricta mirada de Miguel Ángel Sánchez, llamado el Chihuahua, quien también forjó cómo juvenil a Ernesto Canto.

García Córdoba cruza la línea blanca; rompe, el listón, deteniendo los cronómetros en una hora, 24 minutos y 25 segundos, seguido, por Massana, seis segundos atrás, y por el también mexicano Alberto Cruz con once. Ignacio Zamudio, el tercer mexicano mejor ubicado, arribó en el décimo cuarto sitio para dar el primer lugar a México en estos 20 kilómetros; puntos que. se sumarán al resultado en 50 kilómetros, de mañana domingo, en el cual Carlos Mercenario, con la etiqueta de medallista de plata en Barcelona, saldrá con la presión de ser el favorito y uno de los puntales del equipo mexicano para ganar, como sucedió en 1977 en Milton Keynes y en 1979 en Eschborn la Copa Mundial de Marcha (antes Lugano).

"Estoy muy motivado", decía Carlos Mercenario horas antes al reportero. "Primero muerto que fallar", prometía.

Sabía que una victoria no se logra, sino que se construye.

Al día siguiente... SI, MERCENARIO.

México recuperaba, tras 14 años, la Copa Mundial de Marcha; triunfó Carlos. Germán Sánchez y Miguel Ángel Rodríguez, ocuparon el tercero y cuarto lugar, respectivamente.

Esta es la crónica que publicó Armando Satow, en unomásuno: Monterrey, 25 de abril.- El andar de los campeones... kilómetro 33.

Ya el australiano Simón Baker, el alemán Hartwig Gauder y el finlandés Valentín Kononen se han fundido en el ardiente adoquín de la Macroplaza...

La lucha por el liderato del grupo es entre seis andarines; entre ellos, tres mexicanos.

Es evidente que ya, para ese momento, la Copa Mundial -antes Lugano- ya es de ellos; está en sus manos, como estuviera en 1977 y 1979, con Daniel Bautista, Domingo Colín, Raúl González, Pedro Aroche, Martín Bermúdez, Enrique Vera, Ernesto Canto y otros marchistas más que con su andar, escribieron una rica historia, revolucionando la caminata mundial...

Pero... un momento, que la Copa hay que cuidarla; vigilar los ataques de los rivales; conservar las posiciones. El objetivo es colocar a tres mexicanos entre los primeros. Y hay confianza. Mercenario, Sánchez y Rodríguez, los tres olímpicos, van al frente... y un poco más atrás se encuentra el veterano Martín Bermúdez, quien siendo un joven de 21 años triunfó en 1979, en Eschborn; y es el veterano del grupo un hombre de gran corazón que se mantiene pese a su edad, ahí, jalando, permaneciendo y dejando huella en el equipo, que vigila el veterano entrenador Jerzy Hausleber, quien se pasea en. el largo circuito de 2.5 kilómetros. El profesor observa la prueba con tranquilidad; la Copa Mundial también estará en sus manos.

Kilómetro 35:

9:40 - horas. Temperatura de 32 grados centígrados y _una humedad del treinta por ciento. El infierno...

Y de él, seis sobreviven, pero en sus rostros se denota la fatiga, el cansancio natural por el gran esfuerzo desplegado a lo largo de esta extenuante prueba de 5O kilómetros, la más larga del programa atlético.

Al frente camina el canadiense Tim Barret. Le siguen muy pegados el francés Thierry Toutain, el español Jesús García y los tres mexicanos, quienes esperan el momento justo para el ataque final; ir en la búsqueda de la victoria individual, pues ya, ya la Copa está en sus manos, es de México...

Vendría, pues, el ataque de un campeón:

Kilómetro 40:

El español Jesús García está conciente de que ya hay que atacar, que no puede ir entre tres mexicanos.

Diría al final de la competencia: tenía que arriesgar, colocarme entre los tres lugares, pero no pude soportar el paso de Carlos".

Mercenario aceptó el reto del ibérico.

Jaló, incluso en el único momento de apremio para nuestro país, cuando un juez advirtió a Germán Sánchez que su paso era irregular, y dos tarjetas más a Miguel Ángel Rodríguez que lo ponían al borde de la descalificación. Más Hausleber controló y ordenó a sus hombres. Ya no había peligro, sólo había que conservar las posiciones. Las marcas pasaban a segundo plano, el 1-2-3, muy posible, quedaba para una mejor ocasión.

Sánchez bajó su ritmo; Rodríguez volvió a la perfección en su paso. Sin embargo, adelante quedaban sólo dos: Carlos y García.

Mercenario, actual campeón de la Copa no podía dejar a un lado su orgullo como medallista Barcelona. Tenía que mostrar, aquí, de lo que era capaz: arrollar a su rival.

¡Y lo consiguió!

La osadía del español quedó en su intentona. Carlos no cedió y apretó el paso, caminando magistralmente con la mirada al frente, fija en la blanca línea del recorrido, ante el regocijo de más de cuarenta mil regiomontanos que se desplegaron a lo largo del circuito.

"Me sentí muy suelto", relató Mercenario a su llegada, luego 'de fundirse en un abrazo con su entrenador, Jerzy Hausleber, a quien saludó a cien metros de la meta agitando su brazo derecho.

Mercenario, campeón de la. Copa Mundial en la prueba de 20 kilómetros de 1987 en, Nueva York, sumó su tercer triunfo. Refrendó su logro dé 101 en San José, California, donde implantó la mejor marca en la distancia con 3 horas, 42 minutos y 3 segundos.

Hoy, bajo un fuerte calor cercano a los 35 grados al final de la prueba, Mercenario registró 3 horas; 50 minutos y 27 Segundos, para aventajar con 2' 16" al español García, con 3'47" a Sánchez y con 3'54` a Rodríguez. El quinto sitio lo ocupó el canadiense Barrel -segundo en San José seguido del finlandés Kononén, del Australiano Baker -segundo en San José-, y del Alemán Gauder, campeón olímpico en Moscú 80.

Los tres mejores equipos de los 50 kilómetros fueron México con 275 puntos; España con 251, Francia con 245. Al final, con la suma de los puntos conseguidos por los veinteros -Daniel García, Alberto Cruz e Ignacio Zamudio- México logró la Copa Mundial de Caminata con 540 puntos, para doblegar a España con 491 y a Italia con 487 puntos.

¿Por qué ganó México?

Varios factores fueron determinantes en la victoria: el coraje, la determinación y la estrategia usada por los andarines; además, influyó el sofocante calor que se registró en los días de competencia.

México nuevamente fue campeón de caminata y el renovado equipo de jóvenes ha empezado escribir otra historia; ojalá tan rica como su pasado.
Carlos lo sabe, es parte de él... Y ya se ha cifrado una nueva meta: Atlanta 96.

Fuente:

Medallistas Olímpicos mexicanos.
Comisión nacional del Deporte. Portal: Actívate ya.
Marzo de 2004.

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