Juan de Dios Peza

 


Juan de Dios Peza fue un escritor, periodista, pol√≠tico y poeta de la segunda mitad del siglo XIX mexicano, siglo en el que M√©xico se encontraba en la b√ļsqueda de su identidad nacional; este poeta form√≥ parte de este importante pasaje de la historia de nuestro pa√≠s, hizo un excelente retrato de la vida burguesa de ese siglo, por medio de su obra podemos reconstruir parte de la vida de esa √©poca. El 29 de junio se festeja el 160 aniversario de su nacimiento y Bellas Artes le rindi√≥ un homenaje el 17 de junio pasado al ilustre poeta. Y como en ocasiones nos olvidamos de estos personajes porque est√°n muy alejados de nuestro tiempo, y la vida tan apresurada que estamos viviendo nos aparta de estos temas, y posiblemente s√≥lo lo recordamos porque una calle lleva su nombre, queremos compartir con todos ustedes una selecci√≥n de su poes√≠a decimon√≥nica √≠ntima, √©pica, nacionalista para ubicarlo muy bien cuando escuchemos su nombre.

Sobre mi tumba

 

En ti no caben ni desdén ni olvido;
en tu celda distante y solitaria
me das una oración ferviente y diaria;
¬°√önico don que para mi te pido!

 

 

Y hasta mi hogar desierto y escondido
llega el suave rumor de tu plegaria,
aroma de la tierna pasionaria
que ha ganado el altar y yo he perdido.

 

 

Ora siempre por mí, mi bien amado,
que en esta vida deleznable y dura,
¬°T√ļ eres sierva de Dios, yo del pecado!

 

 

Y que digan al ver mi sepultura:
¡Yace aquí un pecador que fue salvado
por la piedad filial de un alma pura!

 

 

 

 

 

Anoche so√Īando

 

Anoche so√Īando que t√ļ me quer√≠as
vi a un √°ngel del cielo tranquilo bajar,
y luego juntaba tu mano a las mías
y yo te miraba y t√ļ me dec√≠as
"con todo mi pecho te voy a adorar".

 

 

¡Qué vas a adorarme! mentira, mentira
yo soy la desgracia, sin luz y sin fe...
y entonces el √°ngel solloza, suspira...
y al irse hasta el cielo, sonriendo te mira,
y luego... llorando de amor desperté.

 

 

 

En cada corazón

 

En cada corazón arde una llama
si a√ļn vive la ilusi√≥n y amor impera,
pero en mi corazón desde que te ama
sin que viva ilusión, arde una hoguera.

 

 

Oye esta confesión: Te amo con miedo,
con el miedo del alma a tu hermosura,
y te traigo a mis sue√Īos y no puedo
llevarte m√°s all√° de mi amargura.

 

Mi bandera


Bandera que adoraron mis mayores
y que aprend√≠ a adorar cuando era ni√Īo,
t√ļ formas el amor de mis amores;
no hay cari√Īo igual a tu cari√Īo.

 


Me llenan de entusiasmo tus colores,
a√ļn m√°s inmaculados que el armi√Īo,
y al verte tremolar libre y entera,
te adoro como a un Dios, ¬°oh, mi bandera!
Símbolo de la tierra en que he nacido
emblema del honor y de la gloria,
quien muere por haberte defendido
vida inmortal alcanza en nuestra historia.

 


Las legiones que libre te han seguido
viven de nuestro pueblo en la memoria,
un templo encontrar√° en cada pecho,
¬°oh, emblema de honor y de derecho!
¡Con qué orgullo filial siempre te mira
quien a tu sombra suspendió su cuna!
¡Con qué dolor el corazón suspira
cuando de ti lo aleja la fortuna!

 

 


Tu ausencia amarga, tu presencia inspira:
no hay comparable a ti joya ninguna;
y si te ofende el poderoso, el fuerte,
por defender tu honor, nada es la muerte.

 


Yo juro por mis horas m√°s serenas,
por los amante padres que yo adoro,
dar gustoso la sangre de mis venas
por defender tu nombre y tu decoro;
Juro luchar con tigres o con hienas
que mancillar pretendan tu tesoro,
y morir a tu sombra, ¡oh, santa égida!,
y amante bendecirte al dar la vida.

 

Flota libre y feliz, ¬°bandera santa!
T√ļ nos das los mayores regocijos,
y siempre que una mano te levanta
los anhelos del pueblo en ti est√°n fijos;
Y antes que hollarte la extranjera planta,
morir√°n junto a ti todos tus hijos:
¬°Que mientras haya patria y haya gloria,
sin mancha flotar√°s sobre la historia!

 

Mi padre

Yo tengo en el hogar un soberano
√ļnico a quien venera el alma m√≠a;
es su corona de cabello cano,
la honra es su ley y la virtud su guía.



En lentas horas de miseria y duelo,
lleno de firme y varonil constancia,
guarda la fe con que me habló del cielo
en las horas primeras de mi infancia.



La amarga proscripción y la tristeza
en su alma abrieron incurable herida;
es un anciano, y lleva en su cabeza
el polvo del camino de la vida.



Ve del mundo las fieras tempestades,
de la suerte las horas desgraciadas,
y pasa, como Cristo el Tiberíades,
de pie sobre las horas encrespadas.



Seca su llanto, calla sus dolores,
y sólo en el deber sus ojos fijos,
recoge espinas y derrama flores
sobre la senda que trazó a sus hijos.



Me ha dicho: ¬ęA quien es bueno, la amargura
jam√°s en llanto sus mejillas moja:
en el mundo la flor de la ventura
al m√°s ligero soplo se deshoja.



¬ĽHaz el bien sin temer el sacrificio,
el hombre ha de luchar sereno y fuerte,
y halla quien odia la maldad y el vicio
un t√°lamo de rosas en la muerte.




 

¬ĽSi eres pobre, conf√≥rmate y s√© bueno;
si eres rico, protege al desgraciado,
y lo mismo en tu hogar que en el ajeno
guarda tu honor para vivir honrado.

 

¬ĽAma la libertad, libre es el hombre
y su juez m√°s severo es la conciencia;
tanto como tu honor guarda tu nombre,
pues mi nombre y mi honor forman tu herencia.¬Ľ

 

Este código augusto, en mi alma pudo,
desde que lo escuché quedar grabado;
en todas las tormentas fue mi escudo,
de todas las borrascas me ha salvado.



Mi padre tiene en su mirar sereno
reflejo fiel de su conciencia honrada;
¬°Cu√°nto consejo cari√Īoso y bueno
sorprendo en el fulgor de su mirada!



La nobleza del alma es su nobleza,
la gloria del deber forma su gloria;
es pobre, pero encierra su pobreza
la p√°gina m√°s grande de su historia.



Siendo el culto de mi alma su cari√Īo,
la suerte quiso que al honrar su nombre,
fuera el amor que me inspir√≥ de ni√Īo
la más sagrada inspiración del hombre.



Quisiera el cielo que el canto que me inspira
siempre sus ojos con amor lo vean,
y de todos los versos de mi lira
estos dignos de su nombre sean.

Poema C A R T A

 

Con letras ya borradas por los a√Īos,
en un papel que el tiempo ha carcomido,
s√≠mbolo de pasados desenga√Īos,
guardo una carta que selló el olvido.

 

La escribió una mujer joven y bella.
¬ŅDescubrir√© su nombre? ¬° No, no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas caballero.

 

¬ŅQu√© ser alguna vez no esper√≥ en vano
algo que, si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
El tiempo los descubre y los publica,

 

Aquellos que juzg√°ronme felices
en amores; que halagan mi amor propio,
aprendan de memoria lo que dice
la triste historia que a la letra copio:

 

“Dicen que las mujeres sólo lloran
cuando quieren fingir hondos pesares,
los que tan falsa m√°xima atesoran,
muy torpes deben ser o muy vulgares.

 

Si cayera mi llanto hasta las hojas
donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas,
con lágrimas mi carta escribiría.

 

Mas si el llanto es tan claro que no pinta,
y hay que usar de otra tinta m√°s obscura,
la negra escogeré, porque es la tinta
donde m√°s se refleja mi amargura.

 

Aunque no soy para so√Īar esquiva
s√© que para so√Īar nac√≠ despierta.
Me he sentido morir, y a√ļn estoy viva;
Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta.

 

Me acosan del dolor fieros vestigios.
¡Qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
y apenas cumplo veinte primaveras.

 

 

 

 

En esta horrible lucha en que batallo,
aun cuando débil tu consuelo imploro,
quiero decir que lloro y me lo callo,
y m√°s risue√Īa estoy cuando m√°s lloro.

 

¬ŅPor qu√© te conoc√≠? Cuando temblando
de pasión, sólo entonces no mentida,
me llegaste a decir: ¬° te estoy amando
con un amor que es vida de mi vida!

 

¬ŅQu√© te respond√≠ yo? Baj√© la frente;
triste y convulsa, te estreché la mano,
porque un amor que nace tan vehemente,
es natural que muera muy temprano.

 

Tus versos para mí conmovedores
los juzgué flores puras y divinas,
olvidando, insensata, que las flores
todo lo pierden, menos las espinas.

 

Yo, que como mujer, soy vanidosa,
me vi feliz creyéndome adorada,
sin ver que la ilusión es una rosa
que vive solamente una alborada.

 

¬°Cu√°ntos de los crep√ļsculos que admiras,
pasamos entre dulces vaguedades,
las verdades juzg√°ndolas mentiras,
las mentiras creyéndolas verdades!

 

Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,
me imaginaba estar dentro de un cielo,
y al contemplar tus ojos y tu boca
tu misma sombra me causaba celo.

 

Al verme embelesada al escucharte,
clamaste,-aprovechando mi embeleso-,
‚ÄúD√©jame arrodillar para adorarte‚ÄĚ,
y al verte de rodillas te di un beso.

 

Te besé con arrojo, no se asombre
un alma escrupulosa o timorata:
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre,
porque toda pasión es insensata.

 

 

 

 

 

Debo aquí confesar que un beso ardiente,
aunque robe la dicha y el sosiego,
es el placer m√°s grande que se siente
cuando se tiene un corazón de fuego.

 

Cuando toqué tus labios fue preciso
so√Īar que aquel placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
por donde entramos muchas al infierno.

 

Después de aquella vez, en otras muchas,
apasionado t√ļ, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.

 

¬°Cu√°ntas promesas, cu√°ntos devaneos!
El grande amor con el desdén se paga;
toda llama que avivan los deseos,
pronto encuentra la nieve que la apaga.

 

Te quisiera culpar y no me atrevo;
es, después de gozar, justo el hastío;
yo, que soy un cad√°ver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.

 

Me enga√Īaste, y no te hago ni un reproche,
era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
y tengo miedo de invocar al cielo.

 

Pronto voy a morir; esa es mi suerte.
¬ŅQui√©n se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino obscuro el de la muerte,
¬Ņqui√©n no llega a cruzar, ese camino?

 

En él te encontraré; todo derrumba
el tiempo, y t√ļ caer√°s bajo su peso:
tengo que devolverte en ultratumba
todo el mal que me diste con tu beso.

 

¬ŅMa√Īana he de vivir en tu memoria?
En aquella región quizá sombría
mostrar a Dios podremos nuestra historia.
Adiós… Adiós… hasta el terrible día.

 

Leí estas líneas y en eterna ausencia
esa cita fatal vivo esperando…
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
guardé la carta y me quedé llorando.