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Nombre del personaje: Manuel Acuña Narro
Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1849
Fecha de fallecimiento: 9 de diciembre de 1873
Origen: Saltillo, Coahuila
Actividad: Médico y poeta
Época: Segunda Intervención Francesa y la Reforma

 

El gran poeta Manuel Acuña nació en Saltillo, Coahuila, el 24 de agosto de 1849. Sus primeros años de estudio los realizó en el colegio Josefino en su ciudad natal, después se traslado a la ciudad de México para estudiar en el colegio de San Ildelfonso e incorporarse más tarde al Colegio de Medicina, pero no duró mucho ahí porque su verdadera vocación era la poesía.

Con un grupo de amigos fundó la "Sociedad Literaria Nezahualcóyotl", que como su nombre lo indica sigue el fin nacionalista de Altamirano y su Liceo Hidalgo. Colaboró en periódicos y revistas como: El Renacimiento, El Libre Pensador, El Federalista, El Domingo, El Búcaro y El Eco de Ambos Mundos.

Su condición enfermiza, su carácter nervioso y la decepción amorosa con Rosario de la Peña, lo llevaron a suicidarse a los 24 años. El 10 de diciembre fue sepultado el cementerio del campo Florido; posteriormente sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres, y en octubre de 1917 conducidos definitivamente a su ciudad natal.

Acuña se desenvolvió entre la generación de reformistas-liberales y la generación que se agrupó en torno al magisterio de Altamirano. Como buen romántico se caracterizó por el predominio del sentimiento sobre la razón en poemas como : Resignación y Nocturno; cantó al amor con un tono amargo, melancólico y doloroso. Pero tan bien llevó hasta sus últimas consecuencias los preceptos positivistas, dudando de la existencia de Dios y del alma, el origen y el destino del hombre, condena el fanatismo, exalta el progreso y las luces de la razón viendo a la ciencia como suprema guía universal; en obras: La ramera y su drama El pasado aplica todo esto denunciando los crímenes de la sociedad cristiana.

Como muere muy joven, dejó incompleta su obra, sin llegar a madurar; aún así, en el último año de su vida dominó un humor escolar o literario y la sátira antirromántica; mostrando un cambio radical en la percepción estética.

Finalmente veremos algunos de sus poemas, los más representativos, para analizar su poesía. El más famosos de sus poemas es Nocturno a Rosario, pues se puede encontrar fácilmente en cualquier antología o en voz de un poeta en desgracia amorosa:

Pues bien! Yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

Manuel siempre fue un apasionado de Rosario de la Peña, su inmenso y desenfrenado amor por ella fue la causa, o al menos la razón mejor fundamentada, de que truncara su existencia. Comprobando así su calidad de romántico, llevando hasta las últimas consecuencias sus actos, liberándose o comprobando su amor con la muerte al ingerir cianuro.

Esa era mi esperanza...
más ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;

la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!1

Por otro lado, su poema Ante un cadáver se perfila como un gran científico presentando una imagen positivista.

Aquí donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia
Aquí donde derrama sus fulgores
ese astro a cuya luz desaparece
la distinción de esclavos y señores.1

Como buen científico no deja de hacer hipótesis o mínimamente postula posibilidades para sucesos después de la muerte, como todo ser viviente, cumplimos un ciclo, la única pregunta posible es: ¿Hay algo después de la muerte? y si es así ¿qué es ?

Pero ni es esa forma la primera
que nuestro ser reviste, ni tampoco
será la última forma cuando muera. 1

Finalmente, se une a lo inevitable, tener la esperanza de seguir viviendo entre los que lo recuerden si no hay nada en el otro mundo.

La tumba sólo guarda un esqueleto
mas la vida en su bóveda mortuoria
prosigue alimentándose en secreto.
Que al final de esta existencia transitoria
a la que tanto nuestro afán se adhiere,
la materia, inmortal como la gloria,
cambia de formas; pero nunca muere.1

Leer los poemas de Manuel Acuña nos sorprendió mucho, primero porque solamente conocíamos Nocturno, y creíamos que todos los románticos eran igual; que su único tema era el amor despechado o al estilo de muchas canciones de abandonados.

Al leer La ramera y Una limosna nos dimos cuenta que no es fácil encasillarlo, y más aún al leer Ante un cadáver; es muy fácil de entender su poesía porque no utiliza palabras difíciles o sintaxis rebuscada, además nos hace pensar de otra manera con temas tan comunes para nosotros, como: ¿Cómo es la muerte?, ¿Cuál será nuestro futuro?, ¿Llegaremos amar con tanta intensidad? o ¿Somos felices donde nos tocó vivir?

Queremos terminar este trabajo con una frase de José Martí, ya que creemos que es tonto morir tan joven sin afrontar la vida. Y si la lección se trata, "procuremos buscar la solución a nuestros problemas y no utilizar atajos".

..."Los que se han hecho para asombrar al mundo, no deben equivocarse para juzgarlo; los grandes tienen el deber de adivinar la grandeza: ¡paz y perdón a aquel grande que faltó tan temprano a su deber! "

Clave y nombre de la escuela: 09SG1315, "Esc. Sec. # 145"
Nombre del profesor: Geny Lucía Pérez Blancas
Nombre del equipo: Manuel Acuña
Correo electrónico: ppmdig92@ilce.edu.mx
Bibliografía: Forjadores de la Nación (LIBRO)Diccionario de autores. Edit. UNAM
http://www.freeweb.pdg,vet./heron5/acuna/acuna.htm
http://www.rjgeib.com/literature/méxico/Martí.html

Primavera 99